Dormimos mucho, pero ¿por qué seguimos tan cansados?

Nunca habíamos tenido colchones tan avanzados, relojes que miden nuestro sueño y aplicaciones que nos dicen si hemos descansado bien...y, sin embargo, nunca habíamos estado tan cansados. 

Vivimos en la era del cansancio crónico, no es que no durmamos, es que no descansamos. Cerramos los ojos, pero la cabeza sigue pensando. La lista de la compra, mensajes sin responder, el ruido del día siguiente. Dormimos, sí, pero no desconectamos. 

Vivimos en modo "encendido"

Nuestro cuerpo está en la cama, pero nuestra mente sigue en la oficina, en el móvil, en los problemas, en lo que no hicimos y en lo que nos espera mañana. 
No estamos diseñados para vivir en alerta constante, pero así es como pasamos la mayor parte del día. 

El estrés ya no es una excepción. Y cuando ese estado de tensión llega a la noche, el descanso no puede ser profundo. Sin desconexión mental, no existe descanso real.

El descanso no empieza cuando te acuestas

Descansar no es simplemente tumbarse. Es sentir, que por unas horas, no tienes que sostener nada. 
Por eso tantas personas se despiertan cansadas incluso después de ocho horas en la cama. No les faltó tempo de sueño, les faltó desconexión. 

Aquí, es donde entran en juego los colchones diseñados para favorecer esa sensación de alivio y bienestar. Marcas como Sonpura, con sus muelles ensacados, se adaptan a los movimientos de cada persona de forma independiente, ofreciendo un descanso más cómodo y sin interrupciones. Pikolin, apuesta por tecnologías que combinan firmeza y adaptabilidad. Flex, con décadas de experiencia, sigue siendo sinónimo de equilibrio y durabilidad en el descanso. 

Por eso tantas personas se despiertan cansadas incluso después de ocho horas en la cama. Nos le faltó tiempo de sueño, les faltó desconexión y un buen colchón.

Dormir no es natural: es cultural

Creemos que todos dormimos igual, pero no es cierto. El descanso cambia según el lugar del mundo. 

En Japón existe el inemuri: dormir pequeñas siestas en cualquier sitio, incluso en el trabajo. 
En los países nórdicos los bebés duermen al aire libre, incluso en invierno, porque el frío se asocia con un sueño más profundo. 
En el sur de Europa cenamos tarde y dormimos tarde. 

Cada cultura ha creado su propia forma de descansar, adaptada a su manera de vivir, lo que demuestra algo importante: No existe una única manera correcta de dormir, pero si existe una necesidad universal de hacerlo bien. 


Cuando cuidas de todo, no descansas de nada

Vivimos en un mundo que no se detiene, que exige estar siempre disponibles, siempre atentos, siempre en marcha. Incluso por la noche seguimos pensando, planificando, anticipando. 

En un mundo que nunca para, el verdadero lujo no es tener más cosas. Es tener más calma, y, esa calma empieza cada noche cuando elegimos dónde y cómo dormimos. 

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